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Pablo y las mujeres (versión corta)

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En 1 Timoteo 2: 11-12 Pablo dice: “11 La mujer debe aprender con serenidad, con toda sumisión.12 No permito que la mujer enseñe al hombre y ejerza autoridad sobre él; debe mantenerse ecuánime”.

Sin embargo en 1 Corintios 11:4-5 Pablo les permite predicar. Pero no solo Pablo. Justo después del Ascenso de Jesús al cielo, en el día de pentecostés, Pedro, invocando las mismas palabras de Dios (Joel 2:28-29), exhorta a todos, sin distinción, a predicar; tanto a hombres como mujeres y a siervos y siervas (Hechos 2:16-18).

De hecho, hubo 4 predicadoras importantes alabadas por el mismo Pablo: Evodia, Síntique, Priscila y Junia (Filipenses 4:2-3Romanos 16:1-27). Sobre Evodia y Síntique, dice que: “ellas lucharon conmigo en la predicación del evangelio”. Junia fue encomendada por el mismo Jesús a predicar. Priscila es mencionada muchas veces en la biblia y por delante de su esposo y se presume llevaba la delantera por encima de este; Priscila incluso corrige a Apolo, sobre algunas cosas que este dijo cuando hablaba en la sinagoga y le explica con mayor precisión acerca de Jesús (hechos 18:24-28) – Apolo fue un predicador muy sobresaliente y hábil, que fue alabado por el mismo Pablo y lo acompañó en algunos viajes.- Aquí hay una contradicción evidente, puesto que Pablo había expresado tanto en su carta a los corintios (implícitamente) como en su carta a Timoteo (explícitamente), un rechazo (cultural) a que la mujer enseñe al hombre.

Pablo no despreciaba a las mujeres. En su carta a los Romanos -a cristianos residentes en Roma- (Romanos 16:1-27) de 24 personas a las que Pablo manda saludos, 9 eran mujeres, pero sobresale el especial cariño y afecto expresado sobre Priscila y Febe, esta última diaconisa (diakonon διάκονον – ministra, administradora) de la congregación de Cencreas, prueba de que las mujeres sí podían alcanzar posiciones de autoridad (aunque no fuera la norma) pero considerando la cultura de aquella época, para una mujer alcanzar tal grado de autoridad era impresionante. Pablo pide a los romanos que recibieran a Febe con un trato digno de los santos y que la ayudaran en cualquier cosa que necesitase, porque ella había ayudado a muchos y a el mismo también.

En el Antiguo Testamento también encontramos ejemplos de mujeres con autoridad, como el extraordinario caso de Débora, quien, con la aprobación de Dios, gobernó a Israel muy exitosamente y llevando la paz durante 40 años (Jueces 4;5).

La Declaración Sobre la Cuestión de la Admisión de las Mujeres al Sacerdocio Ministerial de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe dice que: “constatamos a través de los Actos de los Apóstoles y de las Cartas de San Pablo que algunas mujeres trabajan con el Apóstol en favor del Evangelio (cfr. Rom. 16, 3-12;Fil. 4, 3). El indica con complacencia sus nombres, en los saludos finales de las Cartas; algunas de ellas ejercen con frecuencia un influjo importante en las conversiones: Priscila, Lidia y otras, sobretodo Priscila, quien lleva a cabo el perfeccionamiento de la formación de Apolo (cfr. Act. 18, 26); Febe, que estaba al servicio de la Iglesia de Cencres (cfr. Rom. 16, 1). Estos hechos ponen de manifiesto en la Iglesia apostólica una considerable evolución respecto de las costumbres del judaísmo”.

Pablo estaba inspirado por Dios y tenía el don de lenguas, pero sus palabras eran sus palabras, sus cartas son muy personales: “los consejos que les doy son los de un hombre a quien el Señor en su bondad ha hecho digno de crédito (…) Yo pienso que ésa es una buena decisión. En vista de las dificultades presentes…” (1corintios 7:25-26). En su carta a Timoteo le aconseja: “Ya no bebas agua, sino usa un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes casos de enfermedad”. (1Timoteo 5:23).

Wikipedia dice sobre Pablo de Tarso:

“Es claro que sus epístolas (cartas) eran escritos de ocasión, respuestas a situaciones concretas (…)

Su conocimiento de la cultura helénica — hablaba fluidamente tanto el griego como el arameo — le permitió predicar el Evangelio con ejemplos y comparaciones comunes de esta cultura por lo que su mensaje fue recibido con claridad y cosechó un pronto éxito en territorio griego. Pero esta característica también dificulta por momentos la exacta comprensión de su mensaje, ya que Pablo recurrió en ocasiones a nociones helenísticas muy alejadas del judaísmo mientras que otras veces habló como un judío estricto y observante de la ley.

En todo caso, Pablo es considerado por muchos cristianos como el discípulo más importante de Jesús, a pesar de no haber pertenecido al círculo inicial de los Doce apóstoles. Fue, sin duda, el motor de la expansión en el Imperio Romano de lo que terminaría más tarde por ser el cristianismo y, después de Jesús, una de las personalidades más influyentes en la Iglesia primitiva, junto con Pedro y Juan”.

 

Ver artículo completo aquí.

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