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¿Por qué apoyar y por qué no temer a la censura?

“La educación y formación en valores sucede en casa” dicen los liberales para criticar la prohibición del concierto de Miley Cyrus. ¿Y qué hay de aquellos que tienen familias no tan sanas, dejamos que se eduquen solo con MTV y reggaetón?

Dicho sea de paso, los liberales no quieren que se establezca un sistema de censura, pero contradictoriamente, no quieren que el otro siquiera opine públicamente contra ningún comportamiento liberal, porque según ellos nadie tiene derecho a criticar a nadie y que los valores son algo privado para la casa o para el individuo; pero la razón de fondo por la que no quieren que el otro opine sobre tal comportamiento es porque sencillamente están de acuerdo con ese comportamiento. El que no defiende públicamente los valores que tiene, es porque obviamente le importa un pito esos valores, porque si alguien cree en algo, lo defiende en público, si no lo hace, es porque realmente no lo cree o no le importan esos supuestos valores que tiene, mucho menos si está atacando a quienes defienden esos valores o no quiere que estos hablen.

El proselitismo es algo natural del ser humano. Los liberales sí defienden sus valores (o antivalores mejor dicho) (pornografía, sodomía, aborto, ateísmo, promiscuidad, mujeres en 4 patas, 50 sombras de grey, etc.) y así mismo nosotros los conservadores también tenemos el derecho a defender nuestros valores en público.

 

¿Por qué no temer a la censura?

Cuando las cosas están bien claras y definidas, resultan exitosas. No se trata de dirigir la censura a contenidos antireligiosos o políticos, sino específicamente a aquellas expresiones artísticas, actos públicos, bailarinas, canciones o videos donde se falte al respeto y a la dignidad de las mujeres, como el perreo. No hay ningún problema ni peligro con eso ni tampoco es la gran cosa. Son expresiones que caen bajo la categoría de obscenidad o pornografía, sin ningún valor social, artístico o político que las redima, y que, sin dudas, laceran la moral pública. Tan solo se trata de proteger el valor de la mujer en la cultura.

Todos estamos de acuerdo en que no debe haber exhibición de porno hardcore en la televisión y en cualquier horario, lo cual significa que de hecho, todos apoyamos la censura. Un poco de censura de no está mal. Hay que poner límites, sin exagerar.

No se trata de homogeneizar el pensamiento o estilos de vida, sino de no llegar a extremos, de mantener un equilibrio, para que no caigamos presa ni de liberales ni de conservadores radicales. Todo en exceso hace daño, incluso la libertad en exceso hace daño.

Antes de salir a defender la libertad de las mujeres para irrespetarse y denigrarse en público, recordemos que nuestros niños imitan lo que los mayores hacen.

 

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Del tema: “Iniciativas legislativas para proteger a las familias de los medios de comunicación“.

Prohibir a Cyrus está bien, pero se necesita consistencia y coherencia, porque nos quedamos bastante cortos ante la abrumadora cultura antifamilia. Se deben censurar todas las expresiones artísticas, actos públicos, bailarinas, canciones o videos donde se falte al respeto y a la dignidad de las mujeres. Debemos luchar contra esa cultura que somete a las mujeres a ser objetos sexuales.

En nuestra época cada vez es menos tabú y más común que desde programas de televisión y cine, se fomente o se muestre a una mujer en cuatro patas debajo de un hombre y hasta hombres debajo de hombres, y se pretende hacer ver a la gente que está bien, que no hay nada de que avergonzarse con ello y que dejemos nuestros tabúes.

La televisión nos muestra una visión de la sexualidad totalmente desviada, lo que sin duda afectará las futuras relaciones de pareja de los jóvenes. Conductas sexuales coitocéntricas, machistas, rudas y denigrantes a la mujer son muy frecuentes en las películas de hoy día y haciéndolas ver como buenas y normales, y dejándose totalmente relegadas las prácticas de cuidado mutuo, afectivas y humanas.

 

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Se ha perdido la esencia de lo que deberían significar las relaciones sexuales: afectos, sentimientos, amor, compromiso, proyecto de familia. La mujer no es un objeto para ser usado, sino para ser amado. La mujer, aunque es diferente al hombre, no está por debajo de este. Hombre y mujer son igualmente dignos.

Por todo lo expresado anteriormente es que es muy necesario que impulsemos iniciativas legislativas que defiendan la integridad de la familia ante la avasallante cultura consumista, cortoplacista, libertina y hedonista de nuestra sociedad.

Se debería prohibir toda escena de felación o sodomía o que sugieran esas cosas. Omitir o saltar esas escenas de la película. ¿Por qué? Porque el cine está lleno de morbo, y se transmite a los jóvenes una desvirtualización de las relaciones sexuales; en vez de presentarlas afectivas y amorosas, son morbosas y coitocéntricas. A veces extraño las películas viejas como el Titanic, que aunque tienen una historia de amor sobredimensionada y estúpida, al menos las escenas sexuales eran afectivas y cariñosas. Las relaciones sexuales deben tener un sentido unitivo.

 

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Hay una diferencia fundamental de asimilación entre la violencia que se observa en la televisión y las escenas de sexo que se observan allí mismo. En las escenas de violencia, los niños saben distinguir muy bien la realidad de la ficción, el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, y el discurso de la sociedad al respecto es claro y definido. En el caso de las escenas de sexo, los niños y adolescentes no saben (no pueden porque no tienen la madurez) distinguir bien entre realidad y ficción, lo correcto de lo incorrecto; hay una confusión y parecería más bien que todo está permitido, es normal y moralmente aceptable. El discurso de la sociedad al respecto es muy ambiguo y se vive diciendo una y otra vez que no hay nada de malo con el sexo.

Además, a diferencia de la violencia, las escenas de sexo son atractivas, persuasivas, son escenas que verdaderamente pueden influir poderosamente en nuestras actitudes y comportamientos sexuales. Las más depravadas y denigrantes conductas sexuales pueden parecer muy atractivas para las mentes inmaduras. Las conductas sexuales coitocéntricas, machistas, rudas y denigrantes a la mujer son muy frecuentes en las películas de hoy día y haciéndolas ver como buenas y normales, y dejándose totalmente relegadas las prácticas de cuidado mutuo, afectivas y humanas. La televisión nos muestra una visión de la sexualidad totalmente desviada, lo que sin duda afectará las futuras relaciones de pareja de los jóvenes.

También hay que prohibir la pornografía desde los mismos proveedores de internet, instalando a todos filtros automáticos, que solo puedan ser desinstalados a petición del usuario. Aun cuando de cualquier manera los jóvenes se puedan pasar videos pornográficos por otras vías, pero es para que interioricen que algo de lo que pueden estar viendo puede estar tremendamente mal y que por eso se les pone trabas y se rechaza que estén viendo ese material; pero cuando estos materiales están tan accesibles, la percepción negativa sobre lo que ven disminuye significativamente.

En Inglaterra una nueva ley impuso filtros automáticos a todos los usuarios de internet desde los mismos proveedores de servicios.

 

A continuación extractos del tema : ¿Cómo debería ser la educación sexual?

Un artículo sobre la pornografía en el periódico español El País consultaba la opinión de expertos:

“Lo que se recibe es la reproducción de estereotipos machistas, de relaciones violentas y basadas en falsas expectativas. Se reproduce un modelo coitocéntrico, una sexualidad reducida al coito que además deja fuera las prácticas de cuidado mutuo”.

“El problema es que, en lugar de enseñarles, el porno distorsiona las ideas de los chicos y chicas sobre las relaciones y las prácticas sexuales”. “La pornografía se ha relacionado en distintas investigaciones con actitudes poco realistas sobre el sexo y disfuncionales sobre las relaciones y conductas sexuales permisivas; con la creencia de que las mujeres son objetos; con pensamientos más frecuentes sobre el sexo; incertidumbre sexual (por ejemplo, el grado en que los niños y los jóvenes no tienen claro su orientación sexual, creencias y valores), y actitudes machistas”.

“El contenido de la educación sexual y sobre relaciones debe abarcar el acceso y la exposición a la pornografía y las prácticas sexuales que son relevantes para las vidas y experiencias de los jóvenes”.

 

Otro artículo escrito en el periódico también español El Mundo sobre el mismo tema citaba las declaraciones de expertos:

“Hay diferentes categorías o tipos de pornografía que un adulto puede entender pero que por el contrario a un joven pueden confundir, pues muchas veces el contenido que muestra no coincide con la realidad. Y ahí es donde radica el problema.”

“La pornografía es y ha sido siempre una forma de estimulación erótica y de aprendizaje, pero el problema puede surgir cuando éste se aleja mucho de la realidad y los jóvenes se educan sexualmente basándose en expectativas irracionales y en modelos distorsionados. Algunos tipos de pornografía puede generar en el adolescente una importante frustración e incluso la aparición de algunas disfunciones sexuales, consecuencia del sentimiento de miedo al fracaso o a no estar a la altura de esas expectativas tan alejadas de la realidad”.

 

En una entrevista al periódico español La Vanguardia, la psicóloga y sexóloga Nayara Malnero, declaró: “Antes los chavales de 13 años tenían que consultar libros a escondidas; ahora aprenden a través del porno y nadie les explica que eso es ciencia ficciónHemos pasado de considerar el sexo un tema tabú a tener una avalancha de información muchas veces contradictoria o falsa”.

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La problemática de ajustar salarios por inflación entre períodos distantes

Así es como el Banco Central sacó que nuestro ingreso promedio por hora era el mismo que en 1991: el IPC (año base 2010) de 2013 es de 114.77 y el IPC (año base 2010) de 1991 es de 16.90. Entonces 114.77 / 16.90 = 6.79. El ingreso promedio por hora en 1991 era de 11.75. Entonces para llevar esos 11.75 pesos a pesos de hoy se multiplican por 6.79. Esto hace 79.8. El ingreso promedio por hora en 2013 era de 80.56. Ahora, ¿cuál es el problema aquí?

Los bienes y servicios del IPC (Índice de Precios al Consumidor) de 1991 son diferentes a los de 2013. Los de 1991 correspondían a una lista de bienes y servicios elaborada en 1984, que se actualizó en 1999 y finalmente en 2010. En la lista de 1999 habían 245 bienes y servicios. En la de 2010 habían 305. Fueron agregados: yogurt, pan rebanado, tratamientos para el pelo, cremas para la piel, glp, internet, microondas, inversor, suavizantes para la ropa, entre otros. En la lista de 1984 no tengo los datos pero podemos suponer que era muchísimo más corta. Lo que pasa es que en estos ajustes por IPC no se comparan bienes y servicios idénticos, ni la misma cantidad; a no ser que los años que calculemos estén el período comprendido entre uno y otro año base (de actualización del IPC). Y aún así no estaría fuera de la controversia, porque entre 1984 y 1999 el mercado cambió radicalmente. Muchos productos desaparecieron, otros ingresaron y otros se transformaron bastante.

Esto no es como si fuera, suponiendo, que si Juanita, en 1991, gastó todo su salario anual de 150 mil pesos en un televisor a blanco y negro de 20 pulgadas por valor de 3 mil pesos; un Toyota Corolla tamaño mediano con vidrios manuales por 146 mil 900 pesos; y una lámpara con bombillo de alto consumo por 100 pesos; y que en 2013 otra vez gastó todo su salario anual de un millón pesos en comprar un nuevo televisor a blanco y negro de 20 pulgadas por 20 mil 400 pesos, otro Toyota Corolla con vidrios manuales por 979 mil pesos y otra lámpara con bombillo de alto consumo por 600 pesos, y que entonces aunque el salario nominal anual de ella aumentó hasta un millón de pesos, en realidad no aumentó nada por los aumentos de precios de los productos. Si esto hubiera sido así, no habría ningún problema. El problema es que no fue así como se hizo la comparación.

Siguiendo la lógica de como se hace el ajuste de salarios por IPC, entonces Juanita habría gastado todo su salario de un millón de pesos en otro televisor pero de 40 pulgadas de pantalla plana bajo consumo LCD a color por valor 20 mil 400 pesos + una netbook que le salió gratis por la compra de la tv; una Yipeta Hyundai Tucson vidrios eléctricos por 979 mil pesos y otra lámpara con bombillo de bajo consumo por 600 pesos; porque ahora los bienes son diferentes y hay mayor cantidad.

 

Comparemos los bienes que poseían las familias dominicanas en 1991 y 2007 según los datos de la Endesa (Encuesta Demográfica y de Salud) y del censo de 2002 y 2010.

 

 

Según las estadísticas del parque vehicular de la DGII, en 2002 habían 1,611,023 de vehículos en el país. Esto es 1 por cada 5 habitantes de 2002. En solo 11 años, en 2013, pasamos a tener el doble: 3,215,773, esto es uno por cada 3 habitantes. Los mayores aumentos porcentuales se dieron en las yipetas y en los motores. En 2002 habían 80,624 yipetas y 691,074 motores. En 2013 habían 312,170 yipetas y 1,678,979 motores.

Aunque las todo terreno para uso urbano son una nueva modalidad de la última mitad de los 90 y la década de los ceros, difícilmente se pueda decir con esos datos que nuestro poder adquisitivo ha disminuido. Tanto así que en nuestro país hay más yipetas por habitante y por vehículo que en Brasil y en Chile. Véase: El poder adquisitivo dominicano

 

Nuestra producción de arroz, bananas, huevos, pollo y leche se han duplicado desde 1990. Desde entonces, el porcentaje de la población debajo del nivel mínimo de consumo de energía alimentaria (desnutrición) ha caído a la mitad y los indicadores per cápita de consumo de proteínas y calorías han mejorado bastante. De hecho, cumplimos ahí una de las metas del milenio: la de reducir el hambre (desnutrición) a la mitad. El objetivo para nuestro país trazado en el año 1990 era de 15.2 % para el año 2015. En 2012 estábamos en 15.6%.

 

Referencia: FAO. Para utilizar la aplicación estadística de la FAO primero en el menú azul se selecciona Production  y luego en el submenú verde se selecciona Crops y también Livestock primary. Puedes seleccionar simultáneamente diversos años y productos manteniendo presionada la tecla CTRL. Para los datos de seguridad alimentaria entrarán directo a través del enlace.

 

 

Nuestro consumo de electricidad se ha triplicado desde 1990.

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Otro indicador que nos puede revelar datos sobre la evolución del nivel de vida a través del tiempo, es el de la distribución del gasto promedio de las familias. En 1997 el 31 % del gasto promedio de las familias iba destinado a la alimentación; en 2007 -y a pesar de la crisis de 2003-, se redujo a 25 %. A continuación un extracto de una nota del mismo Banco Central refiriéndose al respecto: “Con este resultado se infiere que en los últimos diez años se ha registrado una mejoría en las condiciones de vida de los dominicanos, ya que a medida que mejoran los ingresos de las familias, disponen de recursos para otros gastos como recreación y cultura, transporte, viviendas, bienes y servicios diversos, entre otros”. El quintil más pobre de nuestro país dedica 47 % de sus gastos a alimentos, pero el quintil más rico utiliza solo el 12 % R pág.24.

 

Entonces, ¿realmente usted cree que el nivel de vida, el poder adquisitivo y el salario real de los dominicanos ha disminuido? Por supuesto que no.

 

La problemática de los ajustes de salarios por inflación también la podemos apreciar, y más claramente, en Estados Unidos, donde el ingreso mediano real de los hogares está en el mismo nivel que en 1989. Véase: Joseph Stiglitz y la pobrecita clase media de EUA. Comparemos entonces los datos de la American Housing Survey 1980 Part E (contiene los datos de 1970 también) American Housing Survey 1985American Housing Survey 2009, y Commuting in the United States, todos de la Oficina Nacional del Censo de EUA.

 

 

En 1984 el número de miembros de la vivienda con ingresos era de 1.4; en 2009 1.3. En 1960, 70, 80 y 2009 el número de miembros por vivienda ocupada era de 3.3, 3.14, 2.76 y 2.57 respectivamente. También el número promedio de hijos menores de 18 por familia en 1960,70, 80 y 2009 fue de 2.3, 2.28, 1.91 y 1.86.  Es decir, que el tamaño de las familias ha sido prácticamente el mismo desde 1980.

En 1984 el 15 % del gasto promedio de las familias iba destinado a la alimentación; en el 2009 13 % y en 2007 (antes de la crisis) estuvo en 12 %. Estos datos indican una mejoría en el nivel de vida, puesto que a medida que aumentan los ingresos, se disponen más recursos para otros gastos. No es mucho, pero indica una tendencia a la baja. Si hubiera datos desde 1960 seguro notaríamos una reducción mucho mayor.

Más aún, en el año 1960 había un automóvil (excluyendo autobuses, camiones, camionetas, furgonetas; incluyendo taxis) por cada 3 habitantes. Hoy día hay uno por cada dos. En el año 2000 habían 21 millones de yipetas (SUV). En el año 2010 habían 44 millones. Se duplicaron en solo 10 años. En el 2000 había una yipeta por cada 6 automóviles. En 2010 había una yipeta por cada 3 automóviles. Un 18 % del total del parque vehicular corresponde a yipetas. Informes Highway Statistics 2010 tablas mv9 y mv1; Highway Statistics 2000 tablas mv9 ymv1, State Motor Vehicle Registration By Years, todos de la Federal Highway Administration.

 

Así que, en conclusión, a pesar de lo que muestran las comparaciones de salarios ajustados por inflación, hoy día los dominicanos y norteamericanos tenemos casas mejor equipadas, más grandes y más confortables; y tenemos más carros, de mayor tamaño y más confortables.

La riqueza es la cantidad, calidad y variedad de bienes que poseemos y servicios que nos suplen.  Si todos tenemos más y mejores cosas y estamos mejor alimentados, es porque nuestro salario real, nivel de vida y poder adquisitivo en realidad han aumentado en vez de disminuido.