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Las propuestas económicas del CREES

El CREES R1, R2 propone reducir el ITBIS al 10 % y el ISR a personas y empresas al 15 %. Se mantendrían las exenciones a instituciones religiosas, educativas y de salud, pero se eliminarían las exenciones a productos comestibles como el arroz, el pollo, las habichuelas, el huevo, la leche, el salami, entre otros. Aproximadamente el 50 % de los productos de una compra típica del super de una familia de clase media están exentos del ITBIS. Pero a menores ingresos, menor consumo de productos que pagan ITBIS. Por lo que la clase baja sería la más afectada, a menos que se aumenten las ayudas a través de las tarjetas de Solidaridad (cosa que no plantea el CREES). Además el CREES propone eliminar las exenciones y subsidios a combustibles de sectores y sindicatos, transporte público y la generación eléctrica, por lo que los costes del transporte público y de la electricidad aumentarían. Entonces los pobres serían seriamente perjudicados y la clase media también se vería afectada, porque la disminución del ITBIS al 10 % poco o nada los compensaría con la eliminación de exenciones; y la mayoría de las familias de clase media no pagan ISR debido a que sus ingresos no alcanzan el monto a partir del cual se empieza a cobrar.

 

El ITBIS es el impuesto por excelencia para recaudar. No afecta directamente a las decisiones de inversión y es fácil de cobrar (difícil de evadir). Nadie quiere nunca pagar impuestos. Los empresarios siempre buscan la manera de evadir impuestos.

 

Países de alto desarrollo social y baja desigualdad económica, tienen un altísimo ITBIS, como Uruguay, en 22 % y Dinamarca en 25 %, este último país es siempre puesto como modelo económico a seguir en Europa. Por supuesto que, como es un país de altos ingresos, casi ningún producto está exento de ITBIS, pero por eso es que si en nuestro país se aplica el ITBIS a todos los productos, habría que aumentar las ayudas sociales. También se pueden aplicar distintas tasas (5, 10, 15 y 20 %) de ITBIS a distintos productos, según vayan pasando de ser un bien básico a un bien de lujo.

 

Por otro lado, el ISR a empresas en nuestro país está en un nivel adecuado, es de 27 %, justo en el promedio de América Latina y seguirá bajando gradualmente hasta 25 %, la cual es la tasa que se aplica en España y Dinamarca.

El CREES también propone eliminar los impuestos selectivos a telecomunicaciones y los que hay para algunos electrónicos y electrodomésticos y para bienes de lujo (como aspiradoras, microondas, aires acondicionados, alfombras, jacuzzis, yates, jet sky, relojes y pulseras de metales preciosos, joyerías, perfumes etc.). Esta propuesta es muy equivocada. Los servicios de telecomunicaciones y productos tecnológicos son muy aptos para taxar, ya que cada año que pasa sus precios van bajando. Y la última reforma fiscal lo demostró: a pesar de que este impuesto fue aumentado, los precios de los servicios de telecomunicaciones y electrónicos siguieron cayendo. Además de que una vez más, vemos como el CREES intenta restarle carga tributaria a los más tienen.

 

 

La ideología de fondo en la propuesta del CREES: tasas planas

El CREES dice que una disminución considerable de las tasas del ISR y del ITBIS llevarían a un aumento de las recaudaciones porque se disminuiría la evasión, y aumentaría la formalidad y la actividad económica. Pero la única evidencia empírica es la de países excomunistas de Europa del Este en los 90, pero estos países no son comparables, dado que no tenían un sistema tributario convencional y acababan de salir de una gran crisis económica producto del descalabro de la URSS y la difícil transición del comunismo al capitalismo. Esta arriesgada apuesta económica del CREES solo sería responsable aplicarla en un país con baja deuda pública, como Chile (con ITBIS del 19 %), que podrían cubrir sin problema la caída de los ingresos fiscales, pero no nuestro país, que ya tiene los pagos de intereses al límite. La aplicación de las propuestas del CREES implicarían una reducción de los ingresos en los primeros años, que supuestamente serían compensadas con un mayor crecimiento económico en los años porvenir. Pero si la teoría resulta errada (que tardaría una década en demostrarse), llevaría a un aumento gigantesco de la deuda, o sino a una reducción drástica del crecimiento económico debido a la contracción del gasto gubernamental.

De hecho, las reformas tributarias aplicadas durante el gobierno de Leonel, que redujeron y eliminaron tasas y otorgaron exenciones, lo que provocaron por supuesto fue que, se redujeran los ingresos tributarios, y aumentara el déficit.

 

Esto fue lo que dijo Danilo Medina sobre la propuesta del CREES en los tiempos en que se discutía la reforma tributaria de 2012:

“Si hay cualquier figura impositiva que se quiera variar, tienen la libertad de hacerlo, pero por favor, asegurando que los ingresos que se requieren para mantener el crecimiento de la economía dominicana no se caigan […]

No hubiese querido hacer esto. Incluso, los que conocen mi pensamiento saben que en la campaña del año 2000 prediqué en todo el territorio nacional una reforma fiscal en la dirección de reducir tasas y ampliar bases, porque siempre he creído que con un sistema tributario simple, de tasas bajas y de fácil aplicación, se puede conseguir más recursos que con tasas complicadas como tenemos en República Dominicana. Pero la realidad es dura y se impone”.

 

La reforma tributaria de Danilo Medina no fue un capricho suyo. Fue hecha con asesoramiento del FMI, la OCDE, el BID y la CEPAL.  De hecho, fue el mismo FMI quien propuso públicamente poco antes de las elecciones que se subiera el ITBIS hasta el 18 %. Danilo la rechazó en ese momento, pero cuando llego al poder fue exactamente lo que hizo.

Por otro lado, el CREES no debería tener mucha credibilidad. En 2012 se la pasaron diciendo que la economía en 2013 se contraería, y los ingresos tributarios caerían debido a la reforma tributaria. Pasó todo lo contrario. También se la pasaron diciendo que el tamaño de nuestro PIB estaba sobrevalorado en un 36 %, es decir, que nuestro PIB per cápita estaría a niveles de los países más pobres de Latinoamérica. Ver tema: ¿PIB sobrevalorado? La madre de todas las mentiras.

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Basta de solidaridad con Haití

 

Para todos los países del mundo Haití es solo una cuestión de solidaridad; pero el amor y la solidaridad nunca han hecho nada por este mundo, no pueden ni siquiera llevar el pan a la mesa (léase a Adam Smith). En cambio, el interés sí que ha movido montañas literalmente (Canal de Panamá, de Suez, etc.). Pero para nosotros, Haití no es ni debe ser una cuestión de solidaridad, sino de sumo interés y conveniencia. Solidaridad sería si donáramos 250 millones de dólares a el Congo -el país más pobre del mundo- pero que no tiene absolutamente nada que ver para nosotros.

Si Haití fuera una economía pujante, fuera nuestro principal destino de exportaciones totales. De hecho, desde el año 2010 Haití supera a Estados Unidos como nuestro primer destino de exportaciones nacionales (de empresas dominicanas), esto debido a los enormes gastos que se están haciendo en la reconstrucción del país tras el terremoto (varillas, cemento, etc.). Además, Haití tiene muchísima mano de obra muy barata desperdiciada, que podría competir eficazmente contra Centroamérica (lo que nosotros no hacemos), pero que por su inestabilidad política, pésimas infraestructuras y pésima educación (analfabetismo), no recibe inversiones.

Por lo tanto, a nosotros nos interesa y nos conviene bastante que Haití se desarrolle. Si esto es así, entonces, ¿por qué no queremos ser parte de la solución? ¿por qué no hacemos propuestas? ¿por qué no ayudar? ¿por qué vendarnos los ojos y mirar para otro lado?

En vez de estar pagándole a los haitianos aquí para que construyan nuestras edificaciones, por qué mejor no les pagamos allá para que provean de infraestructura a su propio país. La solución al problema de inmigración es crear empleos allá también y no solo aquí. La construcción de infraestructuras en Haití dinamizaría ambas economías. Serían ingenieros y contratistas dominicanos los constructores. Las varillas, cementos y demás materiales de construcción, incluso la comida para alimentar a los obreros sería comprada aquí. Además, le exigiríamos a cambio a Haití dejar de comprar a EUA el arroz, huevos, pollos entre otros rubros y comprarlos solo a nosotros. El dinero que se transfiera a Haití sería devuelto a nuestro país en compras inmediatamente, y sería en el futuro pagado con creces si Haití lograra despegar. Podríamos comenzar destinando 250 millones de dólares anuales (0.3 % del PIB) por los próximos 10 años, para construir carreteras, avenidas, hospitales, redes eléctricas y acueductos. Así mejoramos la sanidad de Haití y evitamos las continuas propagaciones de cólera hacia nuestro país y creamos infraestructura necesaria para la instalación de empresas exportadoras extranjeras.

Al menos creo que esta propuesta es muchísimo mejor que la megalómana propuesta de otros de construir un costosísimo muro que rondaría los miles de millones de dólares y que serviría para poco, como lo poco que sirven el muro de la frontera de EUA o la valla de Melilla en España, que se la vuelan los africanos de a cientos al mismo tiempo, a pesar de estar electrificada, con zanja, triple valla, púas, sensores y anti-trepa.

 

Los haitianos no son una carga excesiva para nosotros. Según el mismo Danilo Medina, el 13% de los partos en hospitales públicos son de madres haitianas, lo que significa un gasto de más de 5 mil millones de pesos al año. Esto es  un 10 % del presupuesto de Salud Pública; pero en educación, lo que se gasta es pírrico, pues de 2 millones de estudiantes que hay en las escuelas y liceos, solo 44 mil son haitianos (36 mil según Medina).

De manera que si sumamos los gastos de salud y educación que se hace en los haitianos que residen en el país, más los 250 millones de dólares para aportar a la infraestructura de Haití, sería solo 0.5 % del PIB- Y recordemos que los haitianos sí aportan a nuestro sistema social, pues son ellos quienes construyen los edificios de los hospitales y escuelas de nuestro país, es decir, ellos no son una carga, ellos aportan al país-.

Un país pobre sí puede cargar con otro, siempre y cuando el otro sea mucho más pobre. Además, ¿qué acaso los pobres no se ayudan entre ellos? Nosotros a los trabajadores haitianos no les pagamos lo mismo que en EUA les pagan a los latinos. Nosotros les pagamos 5 veces menos, y es por eso que precisamente hemos podido absorber la inmigración haitiana.

 

No estamos hablando de fusión. Eso un concepto exagerado, nadie quiere ni fusión política, ni cultural. Sí la económica. Claro que, eso es en el supuesto de una mejora de las condiciones políticas internas de Haití, en ese supuesto, una fusión económica gradual nos beneficiaría muchísimo a ambos pueblos.

Debemos tener esperanza con Haití. Debemos ser optimistas, el pesimismo no ayuda para nada. Haití está invadido y tutelado por la ONU. Martelly es un buen presidente que está haciendo todo lo que puede, veremos qué pasa en las próximas elecciones. De cualquier manera, nosotros solo podemos apostar a que Haití prospere, si no lo hace, nos arrastrará a nosotros también. No apostar por el futuro de Haití, sería lo mismo que no apostar por el futuro de nuestro propio país.

 

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