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Basta de solidaridad con Haití

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Para todos los países del mundo Haití es solo una cuestión de solidaridad; pero el amor y la solidaridad nunca han hecho nada por este mundo, no pueden ni siquiera llevar el pan a la mesa (léase a Adam Smith). En cambio, el interés sí que ha movido montañas literalmente (Canal de Panamá, de Suez, etc.). Pero para nosotros, Haití no es ni debe ser una cuestión de solidaridad, sino de sumo interés y conveniencia. Solidaridad sería si donáramos 250 millones de dólares a el Congo -el país más pobre del mundo- pero que no tiene absolutamente nada que ver para nosotros.

Si Haití fuera una economía pujante, fuera nuestro principal destino de exportaciones totales. De hecho, desde el año 2010 Haití supera a Estados Unidos como nuestro primer destino de exportaciones nacionales (de empresas dominicanas), esto debido a los enormes gastos que se están haciendo en la reconstrucción del país tras el terremoto (varillas, cemento, etc.). Además, Haití tiene muchísima mano de obra muy barata desperdiciada, que podría competir eficazmente contra Centroamérica (lo que nosotros no hacemos), pero que por su inestabilidad política, pésimas infraestructuras y pésima educación (analfabetismo), no recibe inversiones.

Por lo tanto, a nosotros nos interesa y nos conviene bastante que Haití se desarrolle. Si esto es así, entonces, ¿por qué no queremos ser parte de la solución? ¿por qué no hacemos propuestas? ¿por qué no ayudar? ¿por qué vendarnos los ojos y mirar para otro lado?

En vez de estar pagándole a los haitianos aquí para que construyan nuestras edificaciones, por qué mejor no les pagamos allá para que provean de infraestructura a su propio país. La solución al problema de inmigración es crear empleos allá también y no solo aquí. La construcción de infraestructuras en Haití dinamizaría ambas economías. Serían ingenieros y contratistas dominicanos los constructores. Las varillas, cementos y demás materiales de construcción, incluso la comida para alimentar a los obreros sería comprada aquí. Además, le exigiríamos a cambio a Haití dejar de comprar a EUA el arroz, huevos, pollos entre otros rubros y comprarlos solo a nosotros. El dinero que se transfiera a Haití sería devuelto a nuestro país en compras inmediatamente, y sería en el futuro pagado con creces si Haití lograra despegar. Podríamos comenzar destinando 250 millones de dólares anuales (0.3 % del PIB) por los próximos 10 años, para construir carreteras, avenidas, hospitales, redes eléctricas y acueductos. Así mejoramos la sanidad de Haití y evitamos las continuas propagaciones de cólera hacia nuestro país y creamos infraestructura necesaria para la instalación de empresas exportadoras extranjeras.

Al menos creo que esta propuesta es muchísimo mejor que la megalómana propuesta de otros de construir un costosísimo muro que rondaría los miles de millones de dólares y que serviría para poco, como lo poco que sirven el muro de la frontera de EUA o la valla de Melilla en España, que se la vuelan los africanos de a cientos al mismo tiempo, a pesar de estar electrificada, con zanja, triple valla, púas, sensores y anti-trepa.

 

Los haitianos no son una carga excesiva para nosotros. Según el mismo Danilo Medina, el 13% de los partos en hospitales públicos son de madres haitianas, lo que significa un gasto de más de 5 mil millones de pesos al año. Esto es  un 10 % del presupuesto de Salud Pública; pero en educación, lo que se gasta es pírrico, pues de 2 millones de estudiantes que hay en las escuelas y liceos, solo 44 mil son haitianos (36 mil según Medina).

De manera que si sumamos los gastos de salud y educación que se hace en los haitianos que residen en el país, más los 250 millones de dólares para aportar a la infraestructura de Haití, sería solo 0.5 % del PIB- Y recordemos que los haitianos sí aportan a nuestro sistema social, pues son ellos quienes construyen los edificios de los hospitales y escuelas de nuestro país, es decir, ellos no son una carga, ellos aportan al país-.

Un país pobre sí puede cargar con otro, siempre y cuando el otro sea mucho más pobre. Además, ¿qué acaso los pobres no se ayudan entre ellos? Nosotros a los trabajadores haitianos no les pagamos lo mismo que en EUA les pagan a los latinos. Nosotros les pagamos 5 veces menos, y es por eso que precisamente hemos podido absorber la inmigración haitiana.

 

No estamos hablando de fusión. Eso un concepto exagerado, nadie quiere ni fusión política, ni cultural. Sí la económica. Claro que, eso es en el supuesto de una mejora de las condiciones políticas internas de Haití, en ese supuesto, una fusión económica gradual nos beneficiaría muchísimo a ambos pueblos.

Debemos tener esperanza con Haití. Debemos ser optimistas, el pesimismo no ayuda para nada. Haití está invadido y tutelado por la ONU. Martelly es un buen presidente que está haciendo todo lo que puede, veremos qué pasa en las próximas elecciones. De cualquier manera, nosotros solo podemos apostar a que Haití prospere, si no lo hace, nos arrastrará a nosotros también. No apostar por el futuro de Haití, sería lo mismo que no apostar por el futuro de nuestro propio país.

 

fot

 

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